viernes, 10 de enero de 2025

el amor de su vida.

Sé que soy el amor de su vida porque ella me lo dijo, pero quizás era en ese preciso momento de la vida, no para siempre, solo en ese fragmento. No ahora. No hoy, con quien comparte ese viaje en carretera y que, después de muchas horas al volante, se detienen a descansar. Y en la penumbra de la noche, desnudos y abrazados, ella le confiesa que él es el indicado. No creo ser motivo de remordimiento, pero quizás un punto de comparación. Tal vez él no tuvo la destreza suficiente en su respuesta, un poco simple. Ella quizás no se sintió suficiente el resto de la noche. Posiblemente se acostumbró a mis oraciones elaboradas, que se basaban en el contacto físico. Un “te amo” de sus labios se convertía en tres besos en el cuello. Un “Tú eres mi vida” se transformaba en caricias en la espalda. Y así terminó justificando que hay muchas otras formas de amar y se conformó. Responsabilidad afectiva a las tres de la mañana cuando algo no es suficiente.

Me recuerdo. Con qué orgullo cargaba el título de ser tuyo por siempre. Podía mirar al cielo y decirle que jamás había brillado tanto como mi corazón. Altanero e ingenuo. Mi felicidad dormía a mi lado y todo era perfecto.

¿Mi mejor versión es cuando estoy enamorado? Porque te juro que en ese entonces nada podía salir mal. Qué egoísta de mi parte, el mundo se estaba jodiendo y también yo, pero no lo sabía.

Y tomar la carretera a primera hora. Estar ya a dos horas de la playa. Sentir el fresco de la mañana. Tener un café en mano, cerrar los ojos y decir: Sé que soy el amor de su vida porque ella me lo dijo.

-Santiago Berti.

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